Los efectos políticos de la reforma tributaria, disfrazada como reforma social

 

Es una eterna discusión que tiene principio, pero nunca tendrá fin; este es el caso de la reforma tributaria, unos se preguntan si es necesaria, otros la critican y algunos muy posiblemente se acogerían a ella, el gobierno nacional la presenta enmascarada con varios nombres, juego de palabras que para muchos en la opinión pública no tiene sentido; presentándola como una propuesta que eliminará la pobreza extrema en la que esta hundida nuestro país desde hace varias décadas, en la cual nunca nadie ha palpado un sentido de pertenecía visto así desde los jefes de Estado de turno; solo entregando paños de agua tibia, por medio de programas de interés social sostenibles y solidarios, que no son más que patrañas políticas para realizar sus actos corruptos, como se ve en esta metamorfosis contribuyente mal hecha y enfocada únicamente a las familias de las clases de ingresos medios, donde su estrategia simplemente es ajar su bolsillo al momento de tributar.

Reforma inequitativa, teniendo en cuenta que el origen del trabajador promedio se ve inmensamente afectado, sin dejar de lado un trasfondo político; siendo este el resultado de 2 décadas de indisciplina, de un costo legislativo que reclama la falta de un cambio de fondo y una verdadera reforma estructural en el congreso de la república, para obtener el real bienestar que está pidiendo un país cansado de soportar las manipulaciones de cada uno de estos individuos, que solo dirigen sus propias ganancias. Intereses pluralistas que en ningún momento y visto en estas condiciones de emergencia sanitarias de Covid-19 salen a defender, a la par sintonizados con una reforma imperfectamente fundamentada, donde brillaron por su ausencia las decisiones de fondo, para luego salir como vencedores de un proyecto que únicamente el pueblo con su sentir lo hizo retirar, lo que llevo a la salida del ministro Carrasquilla.

Observando únicamente, como ya es más que aceptado por la ciudadanía y en vano sin buscar una solución efectiva, la imprecisa participación de todos los partidos políticos, guardando un silencio sepulcral ante la salida de la situación vivida en todo el territorio nacional; donde afrontando la deshonestidad de las curules, en un contexto tan crítico como este jamás visto en los últimos tiempos; donde se preocupan exclusivamente por lo que han llamado el resurgir de la nueva política en Colombia; denotando el comportamiento y variables determinadas que se han incrementado por la votación de la población de jóvenes en la nación; ojalá con decisión y una elección a conciencia se encuentre la solución a este encrucijado conflicto, abriendo una enorme posibilidad a quienes siempre han deseado posicionarse en la casa de Nariño.

El rechazo a esta inhumana y desacertada reforma escrutando un aire que requiere nuestro país; el cual se hace necesario que entienda el gobierno nacional, que simplemente se puede ver en su apoyo al sector salud que se encuentra en una situación tan paupérrima, tomando como referencia a Chile, siendo este la tercera parte de Colombia, tiene 7,3 millones de personas completamente vacunadas y, nosotros solamente un vergonzoso 2,53 millones de inmunizados con dosis totalmente administradas, por decir algo, y ello sin recurrir a los malos manejos contractuales sobresalientes de manera importante.

Recuerdo un pasaje trascendental para este caso que ocupa, el cual hará reflexionar sobre la actualidad de todos los escenarios que está enfrentando el país. En la filosofía de Hegel, el espacio y el tiempo son productos de la idea absoluta y surgen en un determinado grado de desarrollo de ésta, apareciendo primero el espacio y sólo después el tiempo. Toda la experiencia de la vida humana y el progreso de la ciencia refutan las nociones idealistas del espacio y del tiempo. ¿Puede, acaso, aceptarse que el espacio y el tiempo son productos de la conciencia, del espíritu, de la idea, o que existen sólo en la conciencia? Sí señor, solo el tiempo dirá si es significativo, aunque siendo muy prematuro avizorar, que quien guía los asuntos de un gobierno que no está en las mejores condiciones para liderar los lineamientos de un país deshecho y en ruinas, económica y socialmente, polarizado en cuanto a la estructura política, donde la opinión pública no tiene esperanza, habida cuenta que su norte está totalmente indescifrable. ¿llegará a tomar las riendas y superará de una buena vez este escenario tan deplorable? 

 

Después de todo lo que se está viendo en las principales ciudades del país, presenciando solo caos, desolación y muerte, en cuanto los habitantes de su propio terruño se acaban unos a otros, los integrantes de la fuerza pública cumpliendo escuetamente órdenes del ejecutivo y, los manifestantes marchando por sus peticiones, encontrando a unos que no saben ni siquiera lo que están haciendo allí y, sin olvidar a los que sin otra cosa más que causar destrucción a los bienes propios de todos, aprovechan para desatar su descontrolable ira destruyendo todo lo que  encuentran a su paso; dividiendo a un pueblo pujante y trabajador que lo único que siempre ha querido es una convivencia en paz y armonía. Nuevamente me interrogo, ¿sí, los partidos políticos, moverán sus fichas de una manera especial y muy estratégica para sacar de este lodo al pueblo quien confió en su elección?, o el legislativo más bien, se preparará con sus perspectivas de crecer en un avance político o, por fin, darán un paso acertado, como se ha escuchado en el tan mencionado Pedro Navaja “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, básicamente nombrando un Vargas Lleras como candidato presidencial, o porque no, ver a un Tomás Uribe como vice; con el fin de realizar una alianza un poco recalentada por decirlo de alguna manera, donde se puede recordar y porque no, que Vargas “no estaba muerto, estaba de parranda”. Circunstancia que postula, repito, a Tomás o inclusive a un Simón Gaviria, reflejando un neocolonialismo de pensamiento en Colombia.  

 

Ahora bien, en espera de las tendencias de sus diferentes partidos políticos que ofrecen sus desiguales programas con el objetivo que surja un renacer de la verdadera expectativa versus realidad, enmarcada con injusticia; otorgando las medidas asistencialistas que realmente pongan fin a tanta desigualdad, con mayor libertad en aras de una mejor calidad de vida, con el ánimo de buscar herramientas que establezcan una economía más abierta, apuntando a una prosperidad incluyente, encaminada y sustentada en la dignidad humana, respetando el Estado Social de Derecho y la Propiedad Privada; circunstancias habituales para obtener el resultado tan esperado por cada uno de los electores; con una continuidad y presencia positiva del Estado por medio de sus representantes, auténtica y razonable concepción de la justicia social. Definiendo de fondo las patéticas acciones que como administrados se pueden apreciar con un descaro inimaginable, desdibujando la confianza depositada y el compromiso entregado a ellos, respondiendo con el más ingrato castigo a la clase de empleo intermedio, que al fin de cuentas son quienes saldrán más perjudicados con el cambio de las medidas decretadas; a sabiendas que es por ello, que siempre llevamos a cuestas una inseguridad jurídica consintiendo la ausencia de instituciones sólidas y sociedades libres.

 

Al imponer impuestos a la creación de riquezas y hablo de los empleos informales con la venta de sus artículos, que al analizar la cartera de hacienda no son de primera necesidad, se estará castigando lo que nos ha hecho bien, lo que nos llevó al éxito; postrando poco a poco y día a día el progreso de años; eso sí, sin titubear en lo más mínimo la imposición de impuestos a los mayores capitalistas, tomando como referente a las bebidas azucaradas entre otros; en definitiva, son quienes dan la victoria al gobierno de turno que hace caso omiso a la realidad acaecida de este su terruño. Tristemente es el cruel escenario de esta Colombia, que para hoy esta con Dios y sin Ley, a falta de un timonel que encuentre una posición de garante para sus administrados, esperando con anhelo mejorar las condiciones para quien ocupe la presidencia el próximo 2022. El Gran Relojero del Orbe, sea con este futuro líder que se haga silencioso en su hablar, exprese más en su sentir y, accione más que su mero actuar; para que por primera vez gobierne para todos y esta pesadilla tenga un final feliz.

 

GUSTAVO ADOLFO BELLO ESTRADA.

 

Gustavo Adolfo Bello Estrada

Abogado, Especialista en Derecho Constitucional y adminsitrativo,  Magíster en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario,  Doctor Honoris Causa en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Docente Universitario Asesor Técnico Jurídico & Auditor Interno.Dicente Programa Profesional Virtual en Negocios Internacionales.

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